De las artes escénicas a la visualización.

‘Así pues, tanto en términos teóricos como prácticos, podemos definir el papel del diseñador de producción como el del arquitecto que construye las ilusiones de las que se compone una película.’. (Ettedgui, 2001, p. 10).


 

 
De las artes escénicas a la visualización,
Un ensayo sobre Diseño de Producción Cinematográfico.

El diseñador de producción cinematográfico hereda su oficio del campo de las artes escénicas. Incluso, como señala Léon Barsacq, director artístico e historiador del diseño de producción cinematográfico, hasta el año 1908 el cine podría ser catalogado como teatro filmado. La razón es que, hasta ese entonces, la cámara permanecía inmóvil, registrando la acción en escena al igual que como podía percibirla un espectador desde las gradas de un teatro. (Ettedgui, 2001).

Aún vigente e inherente a la cinematografía, el simple hecho de mover la cámara revolucionó al cine y, por consiguiente, a la forma de hacer cine. En términos de diseño de producción, a causa de la multiplicidad de puntos de vista que adoptó la cámara, los decorados diseñados hasta ese momento perdieron vigencia haciéndose inminente la necesidad de tridimensionalidad en la construcción de los espacios. Vale acotar que las películas se rodaban -en su totalidad- en las instalaciones del estudio, exteriores e interiores, tanto en Estados Unidos como Europa. (Ettedgui, 2001).

Durante las décadas de 1910 y 1920, las películas en movimiento provocaron en el público una sed de innovación que desafiaba continuamente a los estudios; así también a los directores artísticos -título bajo el que se desempeñaban los diseñadores de producción-. (Ettedgui, 2001).

La época dorada de los estudios de Hollywood -entre los años 1917 y 1960 aproximadamente- fue responsable de catapultar la importancia que las decisiones estéticas tenían para el cine de la época. En este período de la historia del cine, los estudios eran los protagonistas y las decisiones estéticas estaban íntimamente ligadas a la construcción de una imagen propia que les identificara. Los directores artísticos trabajaban bajo la supervisión de un jefe de departamento responsable de crear un criterio estético común, quien se aseguraba de que todos los proyectos del estudio lo respetaran. (Bordwell, 1997; Ettedgui, 2001; LoBrutto, 2002).

David O. Selznick, productor icónico de la época dorada del cine de Hollywood, utilizó por primera vez el título Diseñador de Producción para describir el rol de William Cameron Menzies en Gone with the Wind.

‘Su detallada visualización de Gone with the Wind incorporó color y estilo, estructuró cada escena y acompasó los encuadres, la composición y los movimientos de cámara para cada toma de la película épica. La contribución de Menzies ayudó a expandir la función del director de arte en ámbitos que exceden la mera creación de decorados y escenarios, incorporó la responsabilidad de visualizar la película.’. (LoBrutto, 2002, p. 2, Traducción Propia).

Para este entonces, año 1939, el diseño de producción ya tenía una butaca a su nombre en el departamento de arte y, junto con la llegada del color y las nuevas posibilidades expresivas que esto significaba, comenzaba a ganar un protagonismo que jamás había tenido. No que le durara demasiado, por desgracia. Con el final de la Segunda Guerra Mundial la época dorada se vió afectada profundamente, resultando en un declive considerable en la década de los 50. El Neorrealismo Italiano, junto con algunos otros movimientos de postguerra como la Nouvelle Vague y múltiples corrientes posteriores pertenecientes al cine independiente europeo, lograron destituir a los estudios provocando que el rol del diseñador de producción perdiera relevancia. (Ettedgui, 2001).

Poco antes del fin de la era de los estudios, los directores artísticos se habían hecho del título de diseñador de producción, siendo los responsables del diseño global del arte de la película; y sus asistentes del de director de arte, quien tenía un rol más vinculado a la administración del presupuesto en el departamento. La decisión de rodar en locaciones reales, bandera del movimiento Neorrealista, entre otras nuevas reglas que echaban por tierra el canon que les precedía, trazó el comienzo de una nueva forma de hacer cine. El cine se hacía de realismo y se tornaba significativamente más económico. Esto significó un paso en falso para el diseño de producción, que debía reinventarse para así conservar su lugar en la cinematografía; así como también el fin de un cine para el que se construían universos desde la nada, entre cuatro paredes y en los amplios back-lots de los estudios. (Ettedgui, 2001).

En los inicios de la historia del cine, la dirección artística se limitaba a generar un espacio accesorio, de tono más bien genérico y para nada realista, a modo de contextualización del espacio en el que la historia tenía lugar. El movimiento de la cámara y el desafío que esto significó para el departamento artístico hizo que el peso de la propuesta de arte en cine creciera rápidamente. ‘(…) procesamos el movimiento de forma activa. Rápidamente muestreamos el mundo que nos rodea, notamos las cosas que cambian y las que no cambian. Giramos la cabeza para ver mejor; miramos a la izquierda o derecha para obtener información adicional proporcionada por un ángulo diferente. Nos movemos más cerca o más lejos. Buscamos activamente más información acerca de las cosas que nos interesan. Buscamos una mayor claridad tanto de nuestra visión como de nuestra comprensión. Y nuestro sistema perceptivo observa continuamente si todo en nuestro campo de visión está en movimiento o si sólo algunas cosas lo están (…).’. (Anderson, 1993, Traducción Propia).

No es hasta 1939 que, si bien aún en crecimiento, el departamento artístico logra acompasar con la idea de trabajar en una visualización cuadro a cuadro, con el fin de dotar al entorno en el que se mueven los personajes de interpretación y expresión en términos narrativos. Una vez que reconocemos en el diseño de producción la capacidad de ser pilar conceptual y narrativo, es que podemos hablar de un oficio que ya no es propio de las artes escénicas. El diseño de producción es cinematográfico, es arte al servicio del oficio de contar historias, es pilar narrativo indispensable para el entendimiento y construcción de una película. (LoBrutto, 2002).

‘Así pues, tanto en términos teóricos como prácticos, podemos definir el papel del diseñador de producción como el del arquitecto que construye las ilusiones de las que se compone una película.’. (Ettedgui, 2001, p. 10).

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Anderson, J. Anderson, B. (1993). The Myth of Persistence of Vision Revised. Journal
of Film and Video. Vol.45, No.1.

Bordwell, D. Staiger, J. Thompson, K. (1997). El Cine Clásico de Hollywood: Estilo
cinematográfico y modo de producción hasta 1960. Barcelona: Paidós.

Elsaesser, T., & Buckland, W. (2002). Studying American Film. A Guide to Movie Analysis. London: Oxford University Press.

Ettedgui, P. (2001). Diseño de Producción y Dirección Artística. Barcelona: Océano.

Horton, A. (2003). Henry Bumstead and the World of Hollywood Art Direction. Austin: University of Texas Press.

LoBrutto, V. (2002). Filmmakers Guide to Production Design. New York: Allworth
Press.

Rizzo, M. (2005). The Art Direction Handbook for Film. Oxford: Focal Press.

Sennett, R. S. (1994). Setting the Scene: The Great Hollywood Art Directors. New York: Harry N. Abrams.

Whitlock, C. (2010). Designs on Film: A Century of Hollywood Art Direction. New York: Harper Collins Publishers.

 

 

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