Antes del 0

[En proceso]. En el contexto de una sociedad que se siente incierta y se define por contraste –es decir, carece de una base sólida propia; lo que es real es demasiado rudo cuando esperamos un trato suave. Nuestras acciones parecen indicar que todo es deshechable, y que nada se mide realmente por algo que no sea consecuencia inmediata. Nuestro comportamiento está dictado por el consumo, por una sed de utilizar, la misma que alimenta esa necesidad de fotografiarlo todo, y desde todos los ángulos posibles. Esta sed consume al fotógrafo puesto que la fotografía esboza infinitas posibilidades al momento de intentar reforzar una realidad que se siente devorada. El medio honesto, no es tan honesto. La mirada fotográfica sostiene una forma de mirar fragmentada y discontinua; nuestro –para nada– invisible montaje perceptivo. Un contraste marcado contra todo lo que parece suceder entre fotogramas, opuesto a las causas y consecuencias subsecuentes de la experiencia. Aún así, a través de esta apropriación de la realidad, la imagen fotográfica no tiene que vivir a la sombra de su contrapuesta realidad, y gana una significancia que le es propia. La imagen no tiene descanso, no genera desperdicios de consumo. El desgaste no afecta su valor y naturaleza, simplemente alimenta un ciclo –una noción de comportamiento particularmente contemporánea. Hacemos imágenes de imágenes, lo reinterpretamos indudablemente todo. No se trata de lo hermoso o lo feo, lo real, lo falso, lo valioso, o lo que no vale nada; se trata de cómo miramos a las cosas, de una nueva noción de contenido y sobre cómo eso da cuenta de lo que es interesante en una imagen.


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